<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Dark Realms]]></title><description><![CDATA[Dark Realms es una publicación de fantasía oscura y horror folclórico con relatos y lore prohibido de Thordall, un mundo donde la magia exige sangre y la supervivencia depende de no mirar jamás lo que acecha tras el Velo.]]></description><link>https://darkrealms.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!9DyP!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F31734a08-1d44-43ed-99a4-e719d4bfbd1d_1280x1280.png</url><title>Dark Realms</title><link>https://darkrealms.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Sat, 22 Aug 2026 08:01:32 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://darkrealms.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Ozz Villar]]></copyright><language><![CDATA[es]]></language><webMaster><![CDATA[darkrealms@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[darkrealms@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Ozz Villar]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Ozz Villar]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[darkrealms@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[darkrealms@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Ozz Villar]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[Naufragio: Segunda Parte]]></title><description><![CDATA[Navegar por aguas desconocidas no es para cualquier marinero.]]></description><link>https://darkrealms.substack.com/p/naufragio-segunda-parte</link><guid isPermaLink="false">https://darkrealms.substack.com/p/naufragio-segunda-parte</guid><dc:creator><![CDATA[Ozz Villar]]></dc:creator><pubDate>Wed, 19 Aug 2026 17:20:09 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!9DyP!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F31734a08-1d44-43ed-99a4-e719d4bfbd1d_1280x1280.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p><em>El siguiente texto es la continuaci&#243;n de lo que Kaldur, marinero de Nhyrrland, le cont&#243; a un escriba del puerto de Mhirva tres d&#237;as despu&#233;s de que un pescador lo encontrara medio muerto en la costa de Teneare. Se transcriben tal como las dict&#243;, sin correcci&#243;n, porque el propio escriba admiti&#243; no saber qu&#233; partes corregir y cu&#225;les dejar intactas.</em></p><h2>Segunda parte: Donde el mapa termin&#243;</h2><p>Los d&#237;as que siguieron los cuento peor de lo que cuento la tormenta, y no es porque los recuerde menos. Es porque en ellos ya no ten&#237;a a nadie con quien comparar lo que ve&#237;a, ni forma de saber cu&#225;nto de lo que registraban mis ojos merec&#237;a llamarse real.</p><p>El barco, sin tripulaci&#243;n que lo gobernara, sigui&#243; a la deriva varios d&#237;as m&#225;s de los que mi cuerpo deber&#237;a haber podido soportar sin agua limpia. En alg&#250;n punto de esa deriva entr&#233; en un banco de niebla que no se parec&#237;a a ninguna niebla marina que conociera: gris, espesa, con una luz propia que no ven&#237;a del sol porque el sol, para entonces, hab&#237;a dejado de mostrarse. Dentro de esa niebla vi cosas que ahora, aqu&#237; sentado y cont&#225;ndoles esto, ya no puedo jurarles que estuvieran ah&#237;. Vi la costa de Hroftand, con mi madre de pie en el muelle, tan clara que grit&#233; su nombre antes de poder contenerme. Vi, un instante despu&#233;s, la misma costa vac&#237;a, sin muelle, sin nada construido por manos mortales. Escuch&#233; voces que hablaban en la lengua com&#250;n pero dec&#237;an frases que no ten&#237;an sentido, como si alguien hubiera aprendido nuestro idioma escuchando solo la mitad de diferentes conversaciones aleatorias. Grit&#233; varias veces, pidiendo ayuda, pidiendo una direcci&#243;n, cualquier cosa, y en alg&#250;n momento dej&#233; de gritar porque entend&#237;, con un miedo distinto al miedo a morir, que si algo dentro de esa niebla llegaba a responderme, yo no iba a querer escuchar la respuesta.</p><p>Sal&#237; de la niebla sin saber c&#243;mo ni cu&#225;ndo cruc&#233; el borde. El barco segu&#237;a a flote, apenas, y el mar alrededor hab&#237;a vuelto a comportarse como mar. Fue en esa calma extra&#241;a, con el cuerpo ya rendido y la mente demasiado cansada para asustarse de nada nuevo, cuando alc&#233; la vista hacia el horizonte norte y vi la tierra.</p><p>No hab&#237;a ning&#250;n puerto en esa direcci&#243;n. Ning&#250;n mapa que yo hubiera visto en mi vida, y he visto varios hechos por los mejores cart&#243;grafos de Nhyrrland que se precian de conocer cada roca de nuestras costas, marcaba tierra alguna en esa direcci&#243;n desde donde yo me encontraba. Y sin embargo ah&#237; estaba: una masa oscura, monta&#241;osa, envuelta en su propia bruma, tan lejana que no podr&#237;a jurarles ning&#250;n detalle salvo uno, y es el que menos sentido tiene de todos los que les he contado hasta ahora. Tuve la certeza, mirando esa costa remota, de que la costa tambi&#233;n me miraba a m&#237;. No como se siente uno observado por un animal, ni por otra persona. Como se sentir&#237;a, imagino, una hormiga si de pronto entendiera que la monta&#241;a bajo la que camina sabe que est&#225; ah&#237;.</p><p>No s&#233; cu&#225;nto tiempo estuve mirando. S&#233; que la tormenta que vino despu&#233;s fue peor que la primera, m&#225;s corta pero m&#225;s violenta, con un mar que parec&#237;a querer borrar de un solo golpe todo lo que yo acababa de ver. Recuerdo aferrarme a lo que quedaba del m&#225;stil. Recuerdo agua entrando por todas partes. No recuerdo nada m&#225;s hasta que un pescador de esta costa, la de Teneare, me sac&#243; medio ahogado de entre las rocas y me pregunt&#243; mi nombre en un idioma que tard&#233; un momento en reconocer como el m&#237;o.</p><p>No s&#233; qu&#233; fue lo que pas&#243; bajo mi barco esa primera noche. No s&#233; qu&#233; me mostr&#243; la niebla ni si algo de lo que vi en ella era real. No s&#233; qu&#233; tierra fue la que vi al norte, ni por qu&#233; ning&#250;n mapa la conoce, ni por qu&#233; tengo tan clara la sensaci&#243;n de que ella s&#237; me conoc&#237;a a m&#237;. Solo s&#233; que llevo tres d&#237;as en esta costa, que el escriba que anota esto me mira cada vez con m&#225;s cuidado de no interrumpirme, y que en alg&#250;n punto de este relato, aunque no sabr&#237;a decirles exactamente en cu&#225;l, he dejado de estar seguro de si ustedes deber&#237;an creerme.</p><p>Yo, en su lugar, no s&#233; si lo har&#237;a.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Naufragio]]></title><description><![CDATA[El Mar de Draconis no perdona errores.]]></description><link>https://darkrealms.substack.com/p/naufragio</link><guid isPermaLink="false">https://darkrealms.substack.com/p/naufragio</guid><dc:creator><![CDATA[Ozz Villar]]></dc:creator><pubDate>Mon, 17 Aug 2026 06:02:07 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!9DyP!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F31734a08-1d44-43ed-99a4-e719d4bfbd1d_1280x1280.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p><em>El siguiente texto son palabras de Kaldur, marinero de Nhyrrland, recogidas por un escriba del puerto de Mhirva tres d&#237;as despu&#233;s de que un pescador lo encontrara medio muerto en la costa de Teneare. Se transcriben tal como las dict&#243;, sin correcci&#243;n, porque el propio escriba admiti&#243; no saber qu&#233; partes corregir y cu&#225;les dejar intactas.</em></p><h2>Primera parte: La tormenta</h2><p>No s&#233; decirles cu&#225;ndo empez&#243;, y esa es la primera cosa que quiero que quede clara antes de que sigan escribiendo. He navegado la ruta de Hroftand a Mhirva desde que ten&#237;a diecis&#233;is a&#241;os. Conozco esa tormenta de oto&#241;o que llega siempre por el mismo cuadrante, la que los viejos llaman la Escoba porque barre el mar de norte a sur en cuesti&#243;n de horas y luego se va. Esta no era esa tormenta. Esta lleg&#243; de un cuadrante que no le correspond&#237;a, y no se fue.</p><p>El capit&#225;n orden&#243; virar hacia mar abierto, lejos de las rocas, como se hace siempre que el viento se pone as&#237; de necio. Lo que no se hace nunca, lo que ning&#250;n capit&#225;n con quien haya navegado hab&#237;a hecho jam&#225;s, es seguir virando durante tres d&#237;as sin que el cielo se abriera ni un instante para que alguien pudiera orientarse por las estrellas. La br&#250;jula empez&#243; a comportarse mal la segunda noche. No es que estuviera rota, que habr&#237;a sido m&#225;s sencillo de aceptar. Simplemente dej&#243; de estar de acuerdo con nosotros sobre d&#243;nde quedaba el norte, y cada uno de nosotros, cuando lo consultaba por separado, obten&#237;a una respuesta distinta.</p><p>Perdimos a Bragi la segunda noche. Quiero ser preciso en esto porque s&#233; que va a sonar mal dicho como voy a decirlo: no lo vimos caer. No hubo grito, no hubo ola que lo arrancara de la cubierta, no hubo nada que ninguno de los que est&#225;bamos de guardia pudiera se&#241;alar y decir <em>ah&#237;, eso fue lo que pas&#243;</em>. Estaba, y luego, en alg&#250;n momento que nadie logra ubicar entre un rel&#225;mpago y el siguiente, no estaba. A la ma&#241;ana siguiente discutimos entre nosotros intentando reconstruir la &#250;ltima vez que alguien lo hab&#237;a visto con certeza, y cada uno de nosotros recordaba una hora distinta, un lugar distinto en la cubierta. Ninguno se atrevi&#243; a decir en voz alta lo que todos empez&#225;bamos a sospechar: que tal vez ninguno de nosotros lo recordaba bien porque algo en esa tormenta no quer&#237;a que lo record&#225;ramos.</p><p>Perdimos a dos m&#225;s la tercera noche, de la misma manera. Para entonces ya no discut&#237;amos los detalles entre nosotros. Hab&#237;amos aprendido, silenciosamente, que hablar de ello en voz alta parec&#237;a adelantar el turno de quien hablaba.</p><p>Fue esa misma noche, ya con la tripulaci&#243;n reducida a poco m&#225;s de un pu&#241;ado, cuando vi lo que pas&#243; bajo el casco.</p><p>No puedo darles una forma. Eso es lo que m&#225;s me ha costado explicar desde que despert&#233; en esta costa, y lo que menos me van a creer, pero es la verdad tal como la tengo: el mar, en ese tramo, dej&#243; de moverse normalmente. Se hinch&#243; por debajo del barco de una manera lenta y sostenida, como si algo enorme respirara justo bajo la l&#237;nea de flotaci&#243;n, y durante el tiempo que dur&#243; esa hinchaz&#243;n &#8212;sea el que fuere, porque el tiempo ya no me obedec&#237;a tampoco&#8212; no hubo una sola ola normal en ning&#250;n punto alrededor nuestro, solo esa marea impuesta desde abajo, silenciosa, del tama&#241;o de una isla que hubiera decidido moverse. No vi ojos. No vi una cabeza ni una forma que pudiera describirles como se describe a un animal. Solo la certeza f&#237;sica, en el est&#243;mago, de que el mar ten&#237;a debajo algo que era demasiado grande, y que ese algo, por la raz&#243;n que fuera, decidi&#243; esa noche no hacernos nada m&#225;s que recordarnos que estaba ah&#237;.</p><p>Cuando amaneci&#243; &#8212;si es que puede llamarse amanecer a la primera luz gris que se filtr&#243; por fin entre las nubes&#8212; ya no quedaba nadie m&#225;s a bordo salvo yo.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Marcas]]></title><description><![CDATA[Muy pocos sobreviven una noche en Nullands...]]></description><link>https://darkrealms.substack.com/p/marcas</link><guid isPermaLink="false">https://darkrealms.substack.com/p/marcas</guid><dc:creator><![CDATA[Ozz Villar]]></dc:creator><pubDate>Wed, 12 Aug 2026 13:39:54 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!9DyP!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F31734a08-1d44-43ed-99a4-e719d4bfbd1d_1280x1280.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Ossian hab&#237;a cruzado las Monta&#241;as Congeladas siete veces antes de esa noche, y las siete hab&#237;a vuelto a Nhyrrland con la certeza de un hombre que conoce los l&#237;mites de su propio territorio. Sab&#237;a leer el viento antes de que cambiara, sab&#237;a cu&#225;ndo la nieve iba a convertirse en algo peor que nieve. Lo que no sab&#237;a, lo que ning&#250;n cazador de su pueblo le hab&#237;a ense&#241;ado, era qu&#233; hacer cuando esa lectura dejaba de servir.</p><p>La tormenta lo alcanz&#243; en la ladera sur, donde el mapa que llevaba casi pegado al pecho ya no mostraba senderos, solo un espacio en blanco con una sola palabra escrita en tinta desgastada: <em>Nullands</em>. No recordaba haber decidido cruzar la frontera. Recordaba, eso s&#237;, el momento exacto en que el viento dej&#243; de tener una direcci&#243;n reconocible y empez&#243; a llegarle desde todos lados a la vez, como si el aire mismo hubiera olvidado c&#243;mo se mov&#237;a normalmente.</p><p>Camin&#243; durante lo que le pareci&#243; media noche, aunque despu&#233;s, mucho despu&#233;s, ya no confiar&#237;a en su propio sentido del tiempo para nada que hubiera ocurrido tras cruzar esa frontera. La nieve dio paso a una niebla espesa y tibia que no ten&#237;a ning&#250;n derecho a estar tibia a esa altura de la monta&#241;a, y fue en esa niebla, cuando ya hab&#237;a aceptado la posibilidad de morir ah&#237;, donde vio la luz de una ventana.</p><p>La casa se alzaba sola en un claro que la niebla parec&#237;a respetar como si tuviera un l&#237;mite trazado a prop&#243;sito, un &#243;valo de aire despejado alrededor de la madera oscura y el humo de una chimenea. Ossian golpe&#243; la puerta con las pocas fuerzas que le quedaban, y quien le abri&#243; no mostr&#243; ninguna sorpresa, ni ante su llegada ni ante el estado en que llegaba.</p><p>&#8212;Pasa antes de que la niebla decida que tambi&#233;n te quiere a ti &#8212;dijo el hombre, y algo en la naturalidad con que lo dijo, sin sonre&#237;r, sin la calidez que deber&#237;a acompa&#241;ar esas palabras, se le qued&#243; a Ossian grabado m&#225;s que el fr&#237;o mismo.</p><p>Se llamaban Maren y Coel. Viv&#237;an solos, dijeron, desde hac&#237;a a&#241;os, en una casa que Ossian no lograba ubicar en ning&#250;n mapa mental de la regi&#243;n porque, sencillamente, no deber&#237;a existir tan adentro de un territorio donde nadie constru&#237;a nada permanente. Le dieron un plato con caldo, una manta, un rinc&#243;n junto al fuego, y le explicaron las reglas de Nullands con la cadencia de quien ha repetido las mismas frases tantas veces que ya no necesita pensarlas: no respondas si algo te llama por tu nombre en la niebla. No mires las luces que aparecen de noche. Si el bosque se queda en silencio absoluto, no te muevas hasta que vuelva el ruido.</p><p>Ossian ya conoc&#237;a esas reglas, de o&#237;das, como las conoce cualquier habitante de un reino fronterizo con Nullands. Lo que lo inquiet&#243; no fueron las reglas. Fue la anciana sentada en el rinc&#243;n m&#225;s alejado del fuego, que durante toda la explicaci&#243;n no apart&#243; los ojos de &#233;l con una expresi&#243;n que tard&#243; un rato en identificar. Cuando por fin encontr&#243; la palabra para nombrarla, dese&#243; no haberlo hecho.</p><p>Culpa.</p><p>Los d&#237;as que siguieron &#8212;Ossian dej&#243; de intentar contarlos con precisi&#243;n hacia el tercero, aunque sigui&#243; intent&#225;ndolo, porque era lo &#250;nico que su instinto de cazador todav&#237;a sab&#237;a c&#243;mo hacer&#8212; adquirieron una rutina que, en cualquier otra circunstancia, habr&#237;a podido llamarse apacible. Maren cocinaba, Coel cortaba le&#241;a, Yseult &#8212;la anciana, abuela de Maren, aunque nadie explic&#243; nunca su papel exacto en la casa&#8212; tej&#237;a junto al fuego sin levantar apenas la vista.</p><p>Fue Ossian, entrenado toda su vida a notar lo que no encajaba en un paisaje, quien repar&#243; primero en las marcas del marco de la puerta.</p><p>Eran incisiones peque&#241;as, tan uniformes que solo pod&#237;an ser deliberadas, agrupadas en hileras que sub&#237;an por la madera hasta una altura que Ossian no lograba alcanzar sin ponerse de puntillas. Pregunt&#243; por ellas la segunda noche, con el tono despreocupado de quien hace conversaci&#243;n, y Coel respondi&#243; sin apartar la vista del fuego que llevaban la cuenta de las noches, como hac&#237;a cualquier familia aislada, para no perder la noci&#243;n del tiempo.</p><p>Ossian hab&#237;a vivido suficientes inviernos en zonas remotas para reconocer una mentira construida con partes verdaderas. Los cazadores solitarios llevaban esa cuenta con marcas en un palo que guardaban consigo, no talladas en el marco de una puerta que cualquier visitante pod&#237;a ver. Y las marcas de esa puerta no se agrupaban en series de treinta o cuarenta, como corresponder&#237;a a cualquier c&#243;mputo razonable de d&#237;as. Se agrupaban en series de siete.</p><p>Cont&#243; una silla vac&#237;a en la mesa, ya la tercera noche, que nadie ocupaba y de la que nadie hablaba. Cont&#243;, tambi&#233;n, que Yseult dejaba de tejer cada vez que &#233;l se acercaba a esa silla, como si su sola cercan&#237;a a ella requiriera una atenci&#243;n que el resto de la casa no merec&#237;a.</p><p>La comprensi&#243;n no le lleg&#243; como una revelaci&#243;n &#250;nica, sino como algo que se le fue formando debajo de la piel a lo largo de varios d&#237;as, del mismo modo en que un hematoma tarda en manifestar todo su color. Ossian empez&#243; a atar lo que ve&#237;a sin buscar hacerlo: la niebla que respetaba un &#243;valo exacto alrededor de la casa, como si algo hubiera negociado ese l&#237;mite hace mucho tiempo y ambas partes lo respetaran desde entonces. Las marcas agrupadas de siete en siete. La silla vac&#237;a. La culpa fija en los ojos de Yseult, que ahora, cuando cre&#237;a que &#233;l no la ve&#237;a, dejaba de disimularla del todo.</p><p>Se atrevi&#243; a preguntarle directamente la sexta noche, cuando Maren y Coel ya se hab&#237;an retirado y solo quedaban ellos dos junto a las brasas.</p><p>&#8212;&#191;A qui&#233;n esperan en esa silla?</p><p>Yseult no dej&#243; de tejer, pero sus manos se movieron m&#225;s despacio.</p><p>&#8212;A nadie que vaya a venir mientras t&#250; sigas aqu&#237; &#8212;dijo&#8212;. El bosque no pide dos veces en la misma temporada. Mientras haya un hu&#233;sped bajo este techo, la cuenta no nos toca a nosotros.</p><p>Ossian sinti&#243; que el caldo que hab&#237;a cenado se le asentaba como piedra en el est&#243;mago.</p><p>&#8212;&#191;Y cuando el hu&#233;sped se va?</p><p>Yseult levant&#243; por fin la vista, y en sus ojos hab&#237;a algo que no era maldad, sino el puro agotamiento de quien lleva demasiado tiempo eligiendo entre dos formas distintas de perder, o decidiendo la mejor de dos peores cosas.</p><p>&#8212;Entonces empezamos a contar de nuevo &#8212;dijo&#8212;. Siempre lo hacemos.</p><p>No dijo qu&#233; contaban. No dijo qu&#233; se llevaba, al final de cada serie de siete marcas, lo que fuera que el bosque considerara suyo. Pero Ossian entendi&#243;, con una claridad que no necesitaba palabras adicionales para doler, que &#233;l hab&#237;a dejado de ser un hu&#233;sped en alg&#250;n momento de esos d&#237;as y se hab&#237;a convertido, sin que nadie se lo dijera directamente, en la &#250;ltima marca de la fila.</p><p>Se march&#243; antes del amanecer, sin despedirse, siguiendo de forma consciente por primera vez en mucho tiempo las reglas de Nullands, no por instinto propio sino por el instinto prestado de una anciana que llevaba m&#225;s a&#241;os que &#233;l aprendiendo a sobrevivir en ese bosque. No respondi&#243; cuando, ya lejos de la casa, algo pronunci&#243; su nombre entre los &#225;rboles con una voz que se parec&#237;a demasiado a la de Coel. No mir&#243; las luces que aparecieron poco despu&#233;s, p&#225;lidas y numerosas, flotando entre los troncos a una altura que ning&#250;n animal conocido alcanzar&#237;a. Y cuando el bosque, de pronto, dej&#243; de hacer ruido &#8212;ni viento, ni crujido de ramas, ni su propia respiraci&#243;n agitada lleg&#225;ndole a los o&#237;dos&#8212; se qued&#243; absolutamente quieto, con los ojos cerrados, contando en silencio hasta que el sonido del mundo volvi&#243; a &#233;l como el aire vuelve a los pulmones despu&#233;s de un golpe.</p><p>Nunca supo, ni entonces ni despu&#233;s, si logr&#243; salir de Nullands por haber seguido las reglas al pie de la letra, o porque alguien en aquella casa, esa &#250;ltima noche, decidi&#243; que la cuenta pod&#237;a seguir esperando un poco m&#225;s.</p><p>Lo que s&#237; supo, con la misma certeza silenciosa con la que Yseult cargaba su culpa, fue que en alg&#250;n marco de puerta, muy adentro de un bosque que no aparec&#237;a en ning&#250;n mapa de Nhyrrland, hab&#237;a una marca m&#225;s de la que nadie iba a hablar jam&#225;s.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Los Versos]]></title><description><![CDATA[La Magia Primal puede colarse hasta en donde no hay grietas...]]></description><link>https://darkrealms.substack.com/p/los-versos</link><guid isPermaLink="false">https://darkrealms.substack.com/p/los-versos</guid><dc:creator><![CDATA[Ozz Villar]]></dc:creator><pubDate>Fri, 07 Aug 2026 06:02:32 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!9DyP!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F31734a08-1d44-43ed-99a4-e719d4bfbd1d_1280x1280.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En Teneare, hasta el placer se juzgaba con rigor. Un bardo del Centro de las Artes no cantaba solo para entretener: cantaba sabiendo que cualquier oyente, desde el mercader hasta el Sabio de paso, pod&#237;a se&#241;alar una nota fuera de tono o una met&#225;fora perezosa y hundirle la reputaci&#243;n en una sola frase. Mhirva, siendo la gran urbe que era, hab&#237;a convertido incluso la taberna en un peque&#241;o tribunal, y Doren Kallis llevaba diez a&#241;os present&#225;ndose ante ese tribunal sin perder jam&#225;s el control.</p><p>Hasta esa noche.</p><p>Cantaba una balada conocida, una de las suyas, cuando la melod&#237;a se le torci&#243; bajo los dedos como si otra mano hubiera tomado las cuerdas de su la&#250;d. Su voz cambi&#243; de registro sin que &#233;l lo decidiera, y las palabras que salieron de su boca no eran las que hab&#237;a escrito. Eran otras, en una cadencia antigua, casi lit&#250;rgica, que sonaba a Teneare y a la vez a ning&#250;n lugar que Doren pudiera nombrar.</p><p>La taberna entera se qued&#243; en silencio.</p><p>El maldito silencio inc&#243;modo: cada persona en aquella sala sinti&#243;, durante los segundos que dur&#243; el trance, que algo se les escapaba de la memoria a la misma velocidad con la que intentaban sujetarlo. Cuando Doren recuper&#243; su propia voz y se detuvo, temblando, nadie en el p&#250;blico lograba repetir una sola palabra de lo que acababa de escuchar.</p><p>Nadie, excepto Elian Thraxos.</p><p>Elian se acerc&#243; a Doren despu&#233;s de la actuaci&#243;n, cuando el resto de la taberna ya hab&#237;a vuelto a sus conversaciones, inc&#243;modas pero decididas a olvidar lo que acababan de presenciar. Era Faeborn &#8212;una de las pocas caras entre el p&#250;blico con los rasgos inconfundibles de quien nace de la interferencia entre el Velo y lo mortal&#8212; y en Teneare eso significaba tolerancia sin aceptaci&#243;n: se le permit&#237;a trabajar en los archivos de la Academia por su utilidad, no porque nadie olvidara del todo lo que era.</p><p>&#8212;Lo que cantaste &#8212;dijo Elian, con la voz baja, casi cautelosa&#8212; lo he visto antes. No la canci&#243;n entera. Fragmentos.</p><p>Doren todav&#237;a ten&#237;a las manos apoyadas en el la&#250;d, como si necesitara sentir algo s&#243;lido.</p><p>&#8212;No recuerdo haberla escrito.</p><p>&#8212;Porque no la escribiste t&#250;. &#8212;Elian mir&#243; alrededor antes de continuar&#8212;. Trabajo en los archivos menores de la Academia. Hay una secci&#243;n marcada como &#8220;material irrecuperable&#8221;, de un per&#237;odo que nadie nombra en los registros oficiales. He visto notaciones parecidas a esa cadencia. Fragmentos, nunca la pieza completa. Siempre incompletos, siempre catalogados como da&#241;o de agua o polilla.</p><p>&#8212;&#191;Y crees que no lo son?</p><p>&#8212;Creo que a nadie le conviene que lo sean.</p><p>Buscaron el origen durante los d&#237;as siguientes, con la discreci&#243;n que Teneare exig&#237;a para cualquier cosa que oliera a irregular. Elian consigui&#243; acceso a los fragmentos que recordaba de los archivos menores &#8212;notaciones musicales incompletas, sin autor, sin fecha, clasificadas bajo un sistema que ni &#233;l mismo entend&#237;a del todo&#8212; y Doren, con el instinto de quien lleva media vida leyendo partituras, empez&#243; a encontrar patrones donde antes solo hab&#237;a ruido.</p><p>La cadencia se repet&#237;a. No de forma id&#233;ntica, pero s&#237; reconocible, como un acento que sobrevive aunque cambie el idioma.</p><p>&#8212;Puedo intentarlo otra vez &#8212;dijo Doren, la tercera noche, con los fragmentos extendidos sobre la mesa&#8212;. A prop&#243;sito, esta vez. Ver si consigo m&#225;s.</p><p>Elian dud&#243;.</p><p>&#8212;La primera vez no lo controlaste t&#250;.</p><p>&#8212;Lo s&#233;. Por eso quiero intentarlo estando preparado, no sorprendido en medio de una actuaci&#243;n.</p><p>Cerraron la puerta del cuarto de Elian, lejos de cualquier o&#237;do, y Doren tom&#243; el la&#250;d. Le cost&#243; m&#225;s de lo que esperaba entrar de nuevo en ese estado &#8212;tuvo que dejar la mente en blanco de una forma que nunca le hab&#237;an ense&#241;ado a hacer, ceder el control en lugar de ejercerlo&#8212; pero cuando ocurri&#243;, ocurri&#243; con m&#225;s fuerza que la primera vez.</p><p>El fragmento que sali&#243; de su boca fue m&#225;s largo. M&#225;s claro. Y por un instante, mientras cantaba, Elian pudo distinguir palabras sueltas en un idioma que no era el com&#250;n ni ninguno de los derivados raciales que conoc&#237;a: nombres, tal vez, o t&#237;tulos, pronunciados con el peso de algo que alguna vez import&#243; mucho a mucha gente.</p><p>Cuando Doren se detuvo, exhausto, ambos supieron que ya no hab&#237;a manera de fingir que aquello era una simple coincidencia de talento.</p><p>Al d&#237;a siguiente, alguien toc&#243; a la puerta de Elian antes del amanecer.</p><p>No fue ninguno de los seis Sabios quien los recibi&#243;, sino un administrador de rango medio de la Academia, con la clase de cortes&#237;a que deja claro que no hay negociaci&#243;n posible detr&#225;s de ella.</p><p>&#8212;Se les informa &#8212;dijo, sin sentarse, sin mirar directamente a ninguno de los dos&#8212; que el material que han estado consultando pertenece a una secci&#243;n restringida por da&#241;o irreparable. Cualquier interpretaci&#243;n p&#250;blica basada en ese material, real o imaginada, se considerar&#225; una falta grave contra la integridad acad&#233;mica de Teneare.</p><p>&#8212;No invent&#233; lo que cant&#233; &#8212;dijo Doren.</p><p>&#8212;Nadie ha dicho que lo inventara. &#8212;El administrador hizo una pausa, la primera grieta en su tono perfectamente controlado&#8212;. Se le pide que no vuelva a cantarlo. Eso es todo.</p><p>Se march&#243; sin dar m&#225;s explicaciones, y ninguna autoridad de Teneare volvi&#243; a mencionar el incidente, ni esa semana ni ninguna despu&#233;s.</p><p>Doren descubri&#243;, con el paso de los d&#237;as, que algo en su voz hab&#237;a cambiado de forma permanente: un registro que antes no ten&#237;a, una fragilidad nueva en las notas altas, como si el trance le hubiera dejado una cicatriz que solo &#233;l y quienes lo escuchaban de cerca notaban. Sigui&#243; cantando &#8212;Teneare no perdonaba el retiro f&#225;cil&#8212;, pero evit&#243;, durante mucho tiempo, cualquier canci&#243;n que se pareciera remotamente a la que le hab&#237;a sido arrancada aquella noche.</p><p>Elian volvi&#243; a los archivos menores la semana siguiente, como si nada hubiera pasado. Pero empez&#243; a anotar, en un cuaderno personal que no formaba parte de ning&#250;n registro oficial, cada fragmento &#8220;irrecuperable&#8221; que encontraba, con la fecha y el estante exacto donde lo hab&#237;a hallado.</p><p>No sab&#237;a todav&#237;a para qu&#233; servir&#237;a esa lista. Solo sab&#237;a que alguien, en alg&#250;n momento, tendr&#237;a que recordar lo que Teneare hab&#237;a decidido olvidar.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El Sello]]></title><description><![CDATA[La vida en &#201;letteland no es para cualquiera...]]></description><link>https://darkrealms.substack.com/p/el-sello</link><guid isPermaLink="false">https://darkrealms.substack.com/p/el-sello</guid><dc:creator><![CDATA[Ozz Villar]]></dc:creator><pubDate>Wed, 05 Aug 2026 00:32:27 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!9DyP!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F31734a08-1d44-43ed-99a4-e719d4bfbd1d_1280x1280.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>En &#201;letteland, el calor de la superficie era brutal, pero el fr&#237;o de los t&#250;neles profundos era peor. No por la temperatura &#8212;la piedra ah&#237; abajo se manten&#237;a tibia, algo h&#250;meda, alimentada por vetas de mineral que corr&#237;an como venas bajo la corteza del reino&#8212; sino por la certeza de que uno podr&#237;a estar pisando algo que nadie hab&#237;a hecho. Los t&#250;neles sellados no los hab&#237;a excavado ning&#250;n minero, ning&#250;n ingeniero, ning&#250;n Umbri con afinidad a la piedra. Ya estaban ah&#237; cuando &#201;letteland empez&#243; a tener vida.</p><p>Vessa Korhan lo sab&#237;a mejor que nadie. Llevaba once a&#241;os trazando mapas de esas galer&#237;as, reforzando muros, calculando d&#243;nde la roca ceder&#237;a antes de que cediera. Su piel gris&#225;cea, casi azulada bajo la luz de las l&#225;mparas de aceite, se confund&#237;a con la piedra misma cuando se quedaba quieta, y sus ojos &#8212;completamente negros, como los de toda su familia&#8212; ve&#237;an en la oscuridad mejor de lo que cualquier humano admitir&#237;a en voz alta.</p><p>Por eso la hab&#237;an llamado a ella cuando la vibraci&#243;n empez&#243;.</p><p>La convocatoria lleg&#243; pasada la medianoche, sin explicaciones. Un golpe seco en la puerta de su vivienda, un mensajero con el blas&#243;n de los Inquisidores cosido al pecho, y una sola frase: <em>Se te requiere en el Sector Nueve. De inmediato. No hables con nadie antes de partir.</em></p><p>En el Sector Nueve la esperaba el Inquisidor Rhaeg Solt, con la armadura de Acero &#201;letteo ya puesta, el yelmo bajo el brazo y una expresi&#243;n que no dejaba espacio para preguntas. Alto, de rasgos afilados, la clase de hombre que llevaba el silencio como si fuera parte del uniforme.</p><p>&#8212;T&#250;nel catorce, ramal norte &#8212;dijo, sin saludo previo&#8212;. Reporte de vibraci&#243;n an&#243;mala hace seis horas. Un minero lo sinti&#243;, avis&#243; a su capataz, el capataz nos avis&#243; a nosotros. Nadie m&#225;s lo sabe, y as&#237; se tiene que quedar.</p><p>&#8212;&#191;Qu&#233; clase de vibraci&#243;n? &#8212;pregunt&#243; Vessa, ajust&#225;ndose las correas de su equipo.</p><p>&#8212;Eso es lo que t&#250; vas a decirme.</p><p>Empezaron a caminar hacia la boca del t&#250;nel. Vessa conoc&#237;a el ramal norte del Sector Nueve; lo hab&#237;a inspeccionado dos ciclos atr&#225;s, y entonces la piedra estaba tan s&#243;lida como cualquier otra en &#201;letteland. Los t&#250;neles naturales que corr&#237;an bajo el reino &#8212;los que nadie hab&#237;a excavado&#8212; llevaban sellados desde antes de que ella naciera, con muros de contenci&#243;n reforzados cada pocos a&#241;os por gente como ella.</p><p>&#8212;&#191;Es de los sellados? &#8212;pregunt&#243;, aunque ya sab&#237;a la respuesta por la forma en que Rhaeg apretaba la mand&#237;bula.</p><p>&#8212;S&#237;.</p><p>&#8212;Entonces esto no es una inspecci&#243;n de rutina.</p><p>&#8212;No &#8212;dijo Rhaeg, y no a&#241;adi&#243; nada m&#225;s.</p><p>El descenso dur&#243; m&#225;s de una hora. La galer&#237;a se estrechaba conforme bajaban, la piedra caliza dando paso a un tipo de roca m&#225;s oscura que Vessa reconoc&#237;a de los informes antiguos pero que nunca hab&#237;a tocado con sus propias manos. El aire cambi&#243; tambi&#233;n: m&#225;s denso, cargado de un olor mineral que, aunque no era del todo desagradable, se le pegaba a la garganta como si tuviera peso propio.</p><p>A media hora del ramal catorce, encontraron la primera se&#241;al. Una grieta en la pared, fina como un cabello, que recorr&#237;a casi dos metros de piedra sin desviarse ni una sola vez, como si algo la hubiera trazado con precisi&#243;n deliberada en lugar de romperla por accidente.</p><p>Vessa se arrodill&#243; junto a ella y pas&#243; los dedos por el borde. La piedra estaba tibia, m&#225;s de lo que deber&#237;a a esa profundidad.</p><p>&#8212;Esto no lo hizo un temblor &#8212;dijo&#8212;. Un temblor deja bordes irregulares. Esto parece cortado a mano, a prop&#243;sito.</p><p>Rhaeg no respondi&#243;. Se limit&#243; a encender una segunda l&#225;mpara y a seguir avanzando, con la mano ya apoyada en la empu&#241;adura de su espada, de acero gris como todas las que Los Inquisidores portaban debido a su propiedad natural de brillar un poco cuando se bland&#237;a.</p><p>Cien metros m&#225;s adelante, el sello del ramal catorce &#8212;un muro de contenci&#243;n de piedra maciza, reforzado con vigas de Acero &#201;letteo, el mismo dise&#241;o que Vessa hab&#237;a ayudado a construir en una docena de t&#250;neles distintos&#8212; ten&#237;a un agujero. No una fisura. Un agujero, del tama&#241;o de un hombre agachado, con los bordes fundidos en lugar de rotos, como si la piedra se hubiera derretido desde adentro.</p><p>Del otro lado no hab&#237;a m&#225;s que oscuridad, y un silencio que a Vessa se le meti&#243; en el pecho antes de que pudiera pensarlo.</p><p>Rhaeg fue el primero en acercarse al agujero, con la espada desenvainada y la l&#225;mpara en alto. Vessa se qued&#243; unos pasos atr&#225;s, con la mano derecha apoyada en la pared, sintiendo bajo la piel un temblor tan leve que dud&#243; si era real o si ven&#237;a de su propio pulso.</p><p>&#8212;Voy a entrar &#8212;dijo Rhaeg&#8212;. T&#250; te quedas aqu&#237;, marcas el punto en tu mapa, y si no vuelvo en diez minutos, sellas esto con lo que traigas y sales.</p><p>&#8212;Eso no va a sostener nada &#8212;dijo Vessa&#8212;. Necesito ver el otro lado para saber qu&#233; tipo de sello sirve.</p><p>Rhaeg la mir&#243; un instante, y por primera vez desde que la hab&#237;a convocado, algo parecido a la duda le cruz&#243; la cara. Luego asinti&#243;, seco, y entraron juntos.</p><p>El otro lado no ten&#237;a forma de t&#250;nel. Era una cavidad amplia, de techo alto, con paredes que no parec&#237;an piedra de &#201;letteland ni de ning&#250;n otro lugar que Vessa hubiera catalogado. Y en el centro, suspendidas en el aire sin ning&#250;n soporte visible, hab&#237;a luces. Peque&#241;as, de un violeta p&#225;lido, flotando con una calma que no ten&#237;a nada de natural.</p><p>&#8212;No las mires directamente &#8212;dijo Vessa, con la voz reducida casi a un susurro&#8212;. Es una de las reglas de Nullands. No s&#233; por qu&#233; la recuerdo, pero la recuerdo.</p><p>&#8212;Esto no es Nullands.</p><p>&#8212;Esto est&#225; debajo de Nullands.</p><p>Rhaeg no discuti&#243; eso. Avanzaron con la vista fija en el suelo, en las paredes, en cualquier cosa que no fueran las luces, y fue entonces cuando una voz &#8212;o un sonido que eso parec&#237;a&#8212; pronunci&#243; el nombre de Vessa.</p><p>No era un sonido que viniera de un lugar concreto. Estaba en el aire mismo, en la piedra, en el pulso de las luces violetas, y conoc&#237;a su nombre completo, el que solo usaban en su familia, el que ella nunca le hab&#237;a dicho a Rhaeg ni a nadie del Cuerpo de Inquisidores.</p><p>Vessa apret&#243; los dientes y no respondi&#243;. Otra regla de Nullands, la m&#225;s simple de todas: no contestar cuando algo te llama por tu nombre en la niebla. No sab&#237;a por qu&#233; su cuerpo entend&#237;a que esas reglas aplicaban aqu&#237; tambi&#233;n, a cientos de metros bajo tierra, en un punto en el que no estaba claro si era &#201;letteland o Nullands en la superficie. Solo sab&#237;a que si respond&#237;a, algo iba a cambiar de forma irreversible.</p><p>Rhaeg, que no conoc&#237;a las reglas, abri&#243; la boca.</p><p>Vessa le cerr&#243; la mano sobre el brazo con m&#225;s fuerza de la que sab&#237;a que ten&#237;a, y neg&#243; con la cabeza, una sola vez, sin apartar la vista del suelo.</p><p>&#201;l la mir&#243;, con algo en su expresi&#243;n cediendo por primera vez desde que se conoc&#237;an, y cerr&#243; la boca.</p><p>El silencio que sigui&#243; fue el tipo de silencio que Vessa llevaba once a&#241;os sin encontrar en ning&#250;n t&#250;nel: total, sin el goteo del agua, sin el crujido de la piedra asent&#225;ndose, sin el propio sonido de su respiraci&#243;n lleg&#225;ndole a los o&#237;dos.</p><p>Dur&#243; varios segundos. Tal vez m&#225;s. Cuando volvi&#243; el sonido &#8212;el goteo, el crujido, su propia respiraci&#243;n agitada&#8212; las luces violetas ya no estaban, y la cavidad se sent&#237;a, de alg&#250;n modo imposible de explicar, m&#225;s peque&#241;a.</p><p>&#8212;Nos vamos &#8212;dijo Vessa.</p><p>Esta vez, Rhaeg no discuti&#243;.</p><p>Sellar el agujero les tom&#243; el resto de la noche. Vessa trabaj&#243; con una concentraci&#243;n que no le dejaba espacio para pensar en otra cosa, mezclando mortero especial, ajustando vigas de refuerzo, tallando en la piedra los s&#237;mbolos de contenci&#243;n que hab&#237;a aprendido de sus maestros Umbri sin que nunca antes hubiera tenido que usarlos de verdad. Rhaeg mont&#243; guardia, con la espada desenvainada durante horas, sin decir una palabra.</p><p>Cuando terminaron, el sello parec&#237;a tan s&#243;lido como cualquier otro en &#201;letteland. Vessa sab&#237;a que no lo era. Sab&#237;a que ning&#250;n sello volver&#237;a a parecerle completamente s&#243;lido despu&#233;s de aquella noche.</p><p>De regreso a los t&#250;neles superiores, con el primer aire tibio del amanecer llen&#225;ndole los pulmones, Rhaeg se detuvo antes de que se separaran.</p><p>&#8212;El reporte oficial dir&#225; que fue un derrumbe menor, contenido sin incidentes &#8212;dijo, mirando al frente, no a ella&#8212;. Nadie va a preguntar m&#225;s. Nadie tiene por qu&#233; saber lo que vimos ah&#237; abajo.</p><p>&#8212;&#191;Y lo que pas&#243; con las luces? &#191;Con el nombre?</p><p>&#8212;Eso no pas&#243;.</p><p>Vessa lo mir&#243; un largo momento. No era enojo lo que sent&#237;a, aunque se le parec&#237;a. Era el peso repentino de entender que &#201;letteland no se sosten&#237;a sobre roca y Acero &#201;letteo, sino sobre gente como ella y como Rhaeg, dispuesta a bajar hasta lo m&#225;s profundo del reino y a subir despu&#233;s con la boca cerrada.</p><p>&#8212;Est&#225; bien &#8212;dijo al fin&#8212;. No pas&#243;.</p><p>Rhaeg asinti&#243;, se puso el yelmo, y se march&#243; sin despedirse.</p><p>Vessa se qued&#243; un momento m&#225;s frente a la boca del t&#250;nel, con la piedra tibia todav&#237;a bajo las u&#241;as, pensando en que alguien, en alg&#250;n lugar de Nullands o m&#225;s abajo, todav&#237;a sab&#237;a su nombre completo. Y que ella, a diferencia del reino entero, no ten&#237;a ning&#250;n reporte oficial donde esconder ese peso. </p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Atlas de Thordall]]></title><description><![CDATA[Primera Entrega de los Archivos Prohibidos del Velo]]></description><link>https://darkrealms.substack.com/p/atlas-de-thordall</link><guid isPermaLink="false">https://darkrealms.substack.com/p/atlas-de-thordall</guid><dc:creator><![CDATA[Ozz Villar]]></dc:creator><pubDate>Fri, 31 Jul 2026 22:27:59 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!9DyP!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F31734a08-1d44-43ed-99a4-e719d4bfbd1d_1280x1280.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p><em>Nota del autor: Este compendio, que recuerda mucho a las viejas enciclopedias f&#237;sicas hoy extintas que se vend&#237;an por TV, correo, puestos de revistas o inclusive puerta a puerta, es un peque&#241;o conjunto de informaci&#243;n adicional que sirve para conocer Thordall y los Dark Realms m&#225;s a fondo. No es, en lo absoluto, necesario para leer las historias de dicho universo, pues todo esto que formar&#225; parte del compendio se puede leer en cada cuento </em>&#8212; <em>de formas mucho m&#225;s discretas, casi de fondo. Esto es, en esencia, un intento de devolver algo a los m&#225;s curiosos que decidieron apoyar este proyecto en forma de una suscripci&#243;n de pago. Espero que esto sea de su agrado y haga que su inversi&#243;n valga la pena.</em></p><p><em>Gracias totales.</em></p><p><em>Ozz Villar.</em></p><p></p><h3>Notas del Compendio</h3><p><em>Lo que sigue es una compilaci&#243;n de cr&#243;nicas de viajeros, mercaderes y alg&#250;n que otro erudito imprudente, reunidas para quien quiera entender el continente antes de perderse en &#233;l. No encontrar&#225;s aqu&#237; secretos de estado ni verdades que los propios reinos prefieren enterradas; solo el mapa que cualquier viajero necesitar&#237;a antes de cruzar una frontera.</em></p><h2>El continente y el Mar de Draconis</h2><p>Thordall es, ante todo, una isla de certeza rodeada de agua que se vuelve menos segura cuanto m&#225;s te alejas de la orilla. El Mar de Draconis bordea todo el continente, tranquilo cerca de puertos y costas conocidas, cada vez m&#225;s hostil conforme uno navega hacia el norte. Los pescadores de Nhyrrland tienen un dicho: <em>Lo del mar no es personal, solo te deja de reconocer.</em></p><p>Ese cambio, dicen, no es casualidad. Al norte, cruzando el Mar de Draconis, algunos viajeros experimentados dicen que se encuentra El Continente Oculto&#8212; una tierra habitada por bestias m&#237;ticas (&#161;algunos hasta dicen que dragones!) y a la que ning&#250;n mortal, ning&#250;n dios, tiene permitido llegar. Sea o no cierto aquello, que el mar se vuelva m&#225;s peligroso mientras m&#225;s te acercas no es m&#225;s que el recordatorio f&#237;sico de esa frontera.</p><p></p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://darkrealms.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Esta publicaci&#243;n es una forma de agradecimiento a los suscriptores de pago. Si quisieras leerla completa (y al mismo tiempo, apoyar a&#250;n m&#225;s este proyecto), puedes suscribirte con el bot&#243;n de abajo. 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      </p>
   ]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Deuda]]></title><description><![CDATA[En Nhyrrland, las deudas de sangre son deudas de honor.]]></description><link>https://darkrealms.substack.com/p/deuda</link><guid isPermaLink="false">https://darkrealms.substack.com/p/deuda</guid><dc:creator><![CDATA[Ozz Villar]]></dc:creator><pubDate>Thu, 30 Jul 2026 06:01:34 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!9DyP!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F31734a08-1d44-43ed-99a4-e719d4bfbd1d_1280x1280.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El Pueblo de Protecci&#243;n se despertaba antes que el sol: las patrullas de la muralla exterior cambiaban turno con las primeras luces, y ning&#250;n guerrero de Nhyrrland dejaba que el amanecer lo encontrara dormido en su puesto. Aquel d&#237;a, sin embargo, nadie pensaba en la muralla.</p><p>Todos pensaban en el c&#237;rculo de piedra del centro de la plaza, y en los dos hombres que iban a pararse dentro de &#233;l.</p><p>Brakur lleg&#243; primero. Camin&#243; entre la gente sin mirar a nadie, con el hacha envainada a la espalda y las trenzas de guerra recogidas con nudos de cuero crudo, uno por cada campa&#241;a sobrevivida. Su piel cobriza y sus hombros anchos delataban la sangre Dhazari que corr&#237;a por su familia desde hac&#237;a generaciones, forjadores convertidos en guerreros cuando la muralla lo exigi&#243;. Ten&#237;a la cara de alguien que llevaba tres noches sin dormir bien, y probablemente as&#237; era: desde que hab&#237;a hecho la acusaci&#243;n ante el Consejo del Pueblo, el sue&#241;o se le hab&#237;a vuelto una cosa esquiva.</p><p>Se detuvo en el borde del c&#237;rculo y esper&#243;.</p><p>Toren lleg&#243; minutos despu&#233;s, con el mismo silencio con el que hac&#237;a todo. Llevaba la maza corta que hab&#237;a usado desde ni&#241;o, la misma con la que hab&#237;a aprendido a golpear un tronco antes de aprender a hablar en frases completas. Su rostro era de esos que Nhyrrland a&#250;n no sab&#237;a leer del todo: los rasgos afilados de su madre humana suavizaban la robustez heredada de su padre Dhazari, una mezcla que no era rara en los pueblos fronterizos, pero tampoco lo bastante com&#250;n como para que nadie se lo recordara. Los que lo conoc&#237;an dec&#237;an que Toren nunca hab&#237;a tenido mucho que decir. Los que no lo conoc&#237;an empezaban a pensar que ten&#237;a mucho que ocultar, y a veces el rostro que no terminaban de reconocer les daba una raz&#243;n m&#225;s para desconfiar.</p><p>Entre ellos, sobre un pedestal bajo tallado en piedra gris, ard&#237;a una llama peque&#241;a dedicada a Khalizor. El Se&#241;or de la Tormenta no exig&#237;a sacrificios para presidir un duelo de honor. Solo exig&#237;a que la verdad, cualquiera que fuera, quedara sellada en sangre antes de que el sol tocara su punto m&#225;s alto.</p><p>&#8212;Brakur, hijo de Fenrhad &#8212;dijo el Guardi&#225;n del Honor, un hombre mayor de barba blanca y una cicatriz que le cruzaba el cuello de lado a lado&#8212;. Repite tu acusaci&#243;n ante el pueblo, para que quede grabada.</p><p>Brakur no dud&#243;.</p><p>&#8212;Toren nos abandon&#243; en el paso de Kelgard. Cuando los saqueadores rodearon a Hemmund, Toren estaba a diez pasos de distancia, con el camino despejado hacia &#233;l. No hizo nada. Hemmund muri&#243; con la espalda contra una roca, solo, mientras Toren se escond&#237;a entre los &#225;rboles.</p><p>Un murmullo recorri&#243; a la multitud. Ya hab&#237;an o&#237;do esa versi&#243;n antes, en susurros de taberna; ahora la o&#237;an con el peso oficial de una acusaci&#243;n formal, y el peso cambiaba todo.</p><p>&#8212;Toren, hijo de Aggar &#8212;continu&#243; el Guardi&#225;n&#8212;. &#191;Niegas la acusaci&#243;n?</p><p>Toren tard&#243; en responder. Nunca le hab&#237;an ense&#241;ado a defenderse con palabras, y en ese momento las palabras eran lo &#250;nico que ten&#237;a.</p><p>&#8212;Niego haber huido &#8212;dijo al fin, con la voz &#225;spera de quien la usa poco&#8212;. No recuerdo haberme escondido. Recuerdo el paso, recuerdo el ataque. No recuerdo diez pasos de distancia entre Hemmund y yo.</p><p>&#8212;Eso no es una negaci&#243;n &#8212;replic&#243; Brakur, con la voz quebr&#225;ndose por primera vez&#8212;. Eso es no recordar. Y yo s&#237; recuerdo.</p><p>El Guardi&#225;n del Honor levant&#243; una mano para pedir silencio y mir&#243; al cielo, calculando la posici&#243;n del sol.</p><p>&#8212;Entonces que Khalizor decida lo que la memoria de los hombres no puede.</p><p>Esa noche, cada uno se prepar&#243; por separado, como marcaba la costumbre.</p><p>Brakur afil&#243; su hacha en la parte trasera de su choza, sentado sobre un toc&#243;n, con la piedra desliz&#225;ndose sobre el filo en un ritmo que llevaba haciendo desde que ten&#237;a memoria. El sonido usualmente lo tranquilizaba. Hoy no lo hac&#237;a.</p><p>Cerraba los ojos y volv&#237;a al paso de Kelgard. Volv&#237;a al fr&#237;o que le entumec&#237;a los dedos alrededor del mango del hacha, al grito de Hemmund cort&#225;ndose a mitad de la garganta, al instante en que se gir&#243; y vio &#8212;crey&#243; ver&#8212; la silueta de Toren entre los &#225;rboles, quieto, con la maza baja, sin moverse hacia el combate.</p><p>Pero cuanto m&#225;s volv&#237;a a esa imagen, m&#225;s se le deshac&#237;a en los bordes. La posici&#243;n de los &#225;rboles cambiaba de un recuerdo al siguiente. La distancia entre Toren y Hemmund se estiraba o se encog&#237;a seg&#250;n la noche en que la recordara. Solo una cosa permanec&#237;a fija, inamovible, como una piedra en el fondo de un r&#237;o: el silencio.</p><p>Un silencio que no deber&#237;a haber existido en medio de una emboscada, con acero chocando contra acero y hombres gritando, con Hemmund &#8212;humano, sin la resistencia de un Dhazari ni la agilidad de un Sylari, solo terco y valiente hasta la temeridad&#8212; vociferando &#243;rdenes que nadie llegaba a seguir. Un instante &#8212;no sab&#237;a cu&#225;nto hab&#237;a durado, tal vez un parpadeo, tal vez m&#225;s&#8212; en que todo el ruido del mundo pareci&#243; apagarse de golpe, como si alguien hubiera cerrado un pu&#241;o alrededor del paso entero.</p><p>Brakur nunca le hab&#237;a contado eso a nadie. No encajaba en ninguna historia que el pueblo pudiera aceptar como cuerda, y una historia sin sentido no le devolver&#237;a a Hemmund. Una traici&#243;n, en cambio, s&#237; ten&#237;a sentido. Una traici&#243;n se pod&#237;a cortar con un hacha.</p><p>Al otro lado del pueblo, Toren no afilaba nada. Se sent&#243; frente al fuego de su choza y dej&#243; que las llamas hicieran el trabajo que sus propios pensamientos no lograban hacer.</p><p>&#201;l tambi&#233;n volv&#237;a al paso de Kelgard. Recordaba el ataque llegando por los dos flancos, recordaba a Hemmund gritando &#243;rdenes que nadie alcanz&#243; a seguir, recordaba correr hacia el sonido del combate con la maza ya en alto.</p><p>Y entonces, entre un paso y el siguiente, hab&#237;a un hueco.</p><p>No lo llamaba de ninguna forma, porque nombrarlo lo har&#237;a real de una manera que no sab&#237;a c&#243;mo sostener. Simplemente sab&#237;a que hab&#237;a un tramo de esa noche que no estaba en su memoria, ni completo ni fragmentado: ausente, como una p&#225;gina arrancada de un libro sin dejar rastro del corte. Un momento antes estaba corriendo hacia la batalla. Un momento despu&#233;s estaba de rodillas junto al cuerpo de Hemmund, con las manos manchadas de una sangre que no recordaba haber tocado.</p><p>Si dec&#237;a eso ante el Consejo, sonar&#237;a m&#225;s loco que si simplemente admitiera la cobard&#237;a que Brakur le atribu&#237;a. As&#237; que se hab&#237;a quedado en silencio, y el silencio se hab&#237;a convertido en su propia condena.</p><p>Mir&#243; el fuego hasta que las brasas se apagaron, y no durmi&#243;.</p><p>El c&#237;rculo de piedra al amanecer se llen&#243; de todo el pueblo. No hab&#237;a gradas ni asientos: la gente se apretaba de pie, en silencio, formando un anillo humano alrededor del anillo de piedra.</p><p>Brakur y Toren entraron por lados opuestos. Se despojaron de las capas y quedaron solo con el cuero endurecido que Nhyrrland consideraba armadura suficiente para un duelo de honor: nada de metal, nada que pudiera convertir la sangre en algo menos personal de lo que deb&#237;a ser.</p><p>&#8212;Hasta primera sangre, o hasta que uno ceda &#8212;anunci&#243; el Guardi&#225;n del Honor&#8212;. Khalizor observa. Que decida el viento hacia d&#243;nde sopla la verdad.</p><p>El hacha de Brakur y la maza de Toren se encontraron por primera vez con un golpe que reson&#243; contra la piedra circundante. No hubo un intercambio de cortes&#237;as ni una pausa ceremonial: los dos a&#241;os de rencor acumulado se soltaron de una vez, en un combate m&#225;s r&#225;pido y m&#225;s sucio de lo que la multitud esperaba.</p><p>Brakur atacaba con la furia de quien lleva mucho tiempo esperando el permiso de hacerlo. Toren se defend&#237;a con la econom&#237;a de quien ha entrenado toda su vida para sobrevivir, no para lucir bien haci&#233;ndolo. Cada golpe de hacha que Toren desviaba con el mango reforzado de su maza le costaba un paso hacia atr&#225;s; cada paso hacia atr&#225;s acercaba a Brakur un poco m&#225;s al borde del c&#237;rculo.</p><p>Fue en ese acorralamiento, cuando Toren ya no ten&#237;a espacio para retroceder m&#225;s, que algo cambi&#243;.</p><p>Brakur levant&#243; el hacha para un golpe final, uno que buscaba terminar el duelo de un solo tajo, y en ese instante &#8212;el mismo tipo de instante que llevaba tres noches reviviendo sin encontrarle forma&#8212; vio algo en los ojos de Toren que no era miedo ni desaf&#237;o.</p><p>Era reconocimiento.</p><p>Toren no estaba mirando el hacha que ca&#237;a sobre &#233;l. Estaba mirando algo detr&#225;s de Brakur, algo que no estaba ah&#237;, con la misma expresi&#243;n exacta que deb&#237;a de haber tenido en el paso de Kelgard un instante antes de que el mundo se le partiera en dos.</p><p>Brakur detuvo el golpe a mitad de camino. El filo del hacha se clav&#243; en la tierra a un palmo de la cabeza de Toren, y el lugar se llen&#243; con dos silencios, uno m&#225;s envolvente que el otro: el del pueblo conteniendo el aliento, y el distorsionado e inc&#243;modo que sucedi&#243; en Kelgard.</p><p>&#8212;Lo viste t&#250; tambi&#233;n &#8212;dijo Brakur, con la voz reducida a un hilo&#8212;. Esa noche. Viste algo.</p><p>Toren no baj&#243; la maza, pero tampoco atac&#243;. Asinti&#243;, una sola vez, como si aceptar esa verdad en voz alta le costara m&#225;s que cualquier golpe recibido.</p><p>&#8212;No s&#233; qu&#233; era &#8212;dijo&#8212;. No s&#233; cu&#225;nto dur&#243;. Solo s&#233; que cuando volv&#237; a moverme, Hemmund ya estaba muriendo y yo no recordaba c&#243;mo hab&#237;a llegado hasta ah&#237;.</p><p>La multitud no entend&#237;a lo que estaba pasando, pero sent&#237;a que el duelo ya no era sobre lo que hab&#237;a empezado a ser. El Guardi&#225;n del Honor dio un paso hacia el c&#237;rculo, pero no interrumpi&#243;.</p><p>&#8212;Yo te vi quieto entre los &#225;rboles &#8212;continu&#243; Brakur, m&#225;s para s&#237; mismo que para Toren&#8212;. Necesitaba que fuera cobard&#237;a. Necesitaba que alguien lo hubiera decidido, porque la alternativa era que a Hemmund se lo llev&#243; algo que ninguno de los dos puede nombrar, y eso... eso no tiene a qui&#233;n culpar.</p><p>Toren baj&#243; por fin la maza.</p><p>&#8212;Los dos cargamos con Hemmund esa noche &#8212;dijo&#8212;. Yo con las manos. T&#250; con la historia que te hiciera falta para seguir caminando.</p><p>Ninguno de los dos hab&#237;a ganado, y los dos lo sab&#237;an. El Guardi&#225;n del Honor se acerc&#243; despacio, con la mente puesta en la sangre que ninguno de los dos hab&#237;a derramado.</p><p>&#8212;No hay primera sangre &#8212;anunci&#243; al pueblo, con una voz que buscaba sonar m&#225;s segura de lo que &#233;l mismo estaba&#8212;. Que Khalizor decida qu&#233; se hace con una verdad que no cabe en el veredicto de un duelo.</p><p>La gente empez&#243; a dispersarse, inc&#243;moda con un final que no le daba ni un culpable ni una absoluci&#243;n. Brakur y Toren se quedaron un momento m&#225;s en el c&#237;rculo, cada uno con su arma bajada, mirando el punto exacto de tierra donde el hacha se hab&#237;a detenido.</p><p>Ninguno de los dos dijo que se perdonaba al otro. Eso, sab&#237;an, tomar&#237;a m&#225;s que una ma&#241;ana. Pero por primera vez desde el paso de Kelgard, cargaban el mismo peso, y ya no lo cargaban solos.</p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://darkrealms.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Suscribirse&quot;,&quot;language&quot;:&quot;es&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Dark Realms es una publicaci&#243;n apoyada por lectores. 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El de Brumeland ol&#237;a a madera podrida, a humedad estancada, al sudor de quienes se deslomaban para que la zona alta durmiera en paz.</span></p><p><span>Lirael se ajust&#243; la capucha de su capa ra&#237;da al bajar por la escalinata de piedra h&#250;meda que un&#237;a la c&#250;pula de la ciudad con las barriadas inferiores. En su hombro, la bolsa de cuero repiqueteaba con suavidad: unos cuantos frascos de vidrio barato, vendas de lino lavado, su daga de cirujano.</span></p><p><span>Si su padre, el Teurgo Sacerdote Master Varian, lo descubr&#237;a fuera de sus aposentos antes del amanecer, la paliza con la vara r&#250;nica ser&#237;a lo de menos. Peor ser&#237;a la mirada de desprecio, esa decepci&#243;n helada de un hombre que consideraba la magia de sanaci&#243;n un privilegio sagrado reservado a los nobles que pod&#237;an pagar el diezmo del templo, no un regalo para la escoria que habitaba entre la niebla.</span></p><p><span>Pero Lirael no pod&#237;a quedarse de brazos cruzados. No cuando sab&#237;a lo que ocurr&#237;a ah&#237; abajo.</span></p><p><span>El barrac&#243;n era poco m&#225;s que unas tablas de pino apelmazadas contra un muro de piedra volc&#225;nica. La niebla de Althuran se colaba por las rendijas del techo, espesa y fr&#237;a.</span></p><p><span>En una litera de paja, un hombre gritaba de dolor.</span></p><p><span>&#8212;Llegaste, muchacho &#8212;susurr&#243; una anciana, apart&#225;ndose del camastro con las manos temblorosas&#8212;. Pens&#233; que hoy no vendr&#237;as. Est&#225; empeorando.</span></p><p><span>Lirael se arrodill&#243; junto al lecho sin perder tiempo. Se despoj&#243; del manto y se arremang&#243; la t&#250;nica: en la piel blanca de sus antebrazos se ve&#237;an l&#237;neas p&#225;lidas, incisiones precisas como talladas a navaja, que trazaban los esquemas del C&#237;rculo de la Protecci&#243;n. Sus cicatrices r&#250;nicas.</span></p><p><span>Apart&#243; el trapo sucio que cubr&#237;a la pierna del obrero y ahog&#243; una arcada.</span></p><p><span>La carne, desde la rodilla hasta el tobillo, estaba abierta. No era una herida de sierra ni de hacha. Los bordes se hab&#237;an cauterizado de un modo antinatural, y de la supuraci&#243;n negruzca asomaban hilos de un morado brillante que pulsaban bajo la piel como gusanos de luz. Un hedor dulce, parecido al ozono quemado, llenaba la estancia.</span></p><p><span>&#8212;&#191;D&#243;nde se hizo esto? &#8212;pregunt&#243;, abriendo su estuche.</span></p><p><span>&#8212;En el per&#237;metro Este &#8212;murmur&#243; la anciana, bajando la voz&#8212;. Cortaba madera cerca de las vallas de Wildland. Algo lo atac&#243; entre los matorrales.</span></p><p><span>Lirael respir&#243; hondo y acerc&#243; las manos a la herida sin llegar a tocarla. Cerr&#243; los ojos y busc&#243; en su mente la geometr&#237;a del C&#237;rculo de la Protecci&#243;n.</span></p><p><span>El impacto fue inmediato.</span></p><p><span>Las cicatrices de sus brazos se encendieron con una luz azulada y tenue, y el calor se volvi&#243; insoportable: agujas incandescentes clav&#225;ndose en la dermis, un dolor punzante que le cerr&#243; la mand&#237;bula. La magia esculpida no flu&#237;a gratis. La piel cobraba su peaje.</span></p><p><span>&#8212;Por la gracia que sostiene el tejido... renueva la carne, cierra el conducto...</span></p><p><span>Un destello azul cubri&#243; la herida. Pero en vez de cerrarse, los hilos morados reaccionaron con violencia. Emitieron un sonido similar al de un crujido. El obrero abri&#243; los ojos de golpe, inyectados en sangre, y solt&#243; un alarido gutural que hizo vibrar las tablas del barrac&#243;n.</span></p><p><span>&#8212;&#161;No! &#8212;Lirael interrumpi&#243; el hechizo y apart&#243; las manos. La piel de sus antebrazos humeaba, roja y viva por la quemadura arcana.</span></p><p><span>El hombre empez&#243; a convulsionar en el camastro. La boca le tronaba, err&#225;tica, escupiendo saliva espesa.</span></p><p><span>&#8212;&#161;H&#225;blame! &#8212;Lirael lo tom&#243; por los hombros&#8212;. &#191;Qu&#233; te atac&#243; en Wildland? &#191;Qu&#233; llevas en la sangre?</span></p><p><span>El obrero no lo miraba. Ten&#237;a las pupilas perdidas en un trance febril. De sus labios brot&#243; una cadena de s&#237;labas &#225;speras, un dialecto que dol&#237;a en los o&#237;dos, incoherente, como piedras chocando entre s&#237;.</span></p><p><span>&#8212;Khar... vath... nex...</span></p><p><span>&#8212;&#161;Resp&#243;ndeme!</span></p><p><span>De pronto dej&#243; de convulsionar. Una rigidez antinatural le petrific&#243; el cuerpo, y con una velocidad pausada sus manos huesudas se dispararon hacia adelante y agarraron a Lirael de la t&#250;nica, tirando de &#233;l con la fuerza de un torniquete de hierro.</span></p><p><span>Lirael qued&#243; a un palmo de su cara. El aliento del moribundo ol&#237;a a ceniza. Los ojos, antes perdidos, se fijaron en &#233;l con una lucidez g&#233;lida, moment&#225;nea.</span></p><p><span>&#8212;Solo lo que ha muerto dos veces puede entender al abismo &#8212;murmur&#243; el hombre, con una voz que ya no era la suya.</span></p><p><span>Un crujido ensordecedor destroz&#243; la puerta.</span></p><p><span>La madera salt&#243; en astillas. La anciana grit&#243; y cay&#243; al suelo mientras una masa oscura y deforme irrump&#237;a en la vivienda, trayendo consigo una r&#225;faga de niebla helada.</span></p><p><span>Lirael se arrastr&#243; hacia atr&#225;s, aterrado.</span></p><p><span>Lo que se alzaba sobre los restos de la puerta ten&#237;a la silueta de un sabueso de las llanuras, pero su anatom&#237;a era una pesadilla: sin pelaje, cubierto de una piel gris&#225;cea y h&#250;meda tendida sobre m&#250;sculos hipertrofiados. Varios ojos ciegos y p&#225;lidos parpadeaban en el cr&#225;neo deforme, y la mand&#237;bula inferior, partida en dos tenazas &#243;seas, goteaba una baba p&#250;rpura.</span></p><p><span>La criatura gru&#241;&#243; y clav&#243; sus ojos ciegos en Lirael.</span></p><p><span>El aprendiz alz&#243; los brazos para invocar una barrera de fuerza, pero el dolor de sus cicatrices agotadas lo paraliz&#243;. El p&#225;nico le cerr&#243; la garganta. La bestia se impuls&#243; hacia &#233;l con un rugido distorsionado, las fauces abiertas para arrancarle el cuello.</span></p><p><em><span>&#161;Clang!</span></em></p><p><span>El silbido de una espada cort&#243; la niebla antes de que los dientes rozaran la piel de Lirael.</span></p><p><span>El acero brill&#243; en la penumbra con precisi&#243;n impecable. Un joven oficial de la guardia, con coraza de cuero reforzado y el blas&#243;n real de Althuran, intercept&#243; el salto de la abominaci&#243;n. Con un giro fluido, hundi&#243; la hoja bajo la mand&#237;bula de la bestia y la atraves&#243; hasta que la punta asom&#243; por el cr&#225;neo.</span></p><p><span>El monstruo se sacudi&#243; en el aire antes de quedar inerte. El oficial apoy&#243; una bota sobre el t&#243;rax del animal y tir&#243; de la empu&#241;adura, liberando el acero con un sonido sordo.</span></p><p><span>&#8212;Atr&#225;s, aprendiz &#8212;orden&#243; sin volverse, la espada a&#250;n en guardia, escudri&#241;ando la niebla m&#225;s all&#225; de la puerta.</span></p><p><span>Era Arthure Khilirson. Su rostro era joven, pero sus ojos ya hab&#237;an visto demasiado.</span></p><p><span>Al comprobar que no quedaban m&#225;s criaturas en el callej&#243;n, dio un paso atr&#225;s y limpi&#243; la hoja en la manga de su ropaje. Entonces su mirada cay&#243; sobre el camastro.</span></p><p><span>El obrero volv&#237;a a toser, pero ahora eran bocanadas de sangre violeta y espesa que le corr&#237;an por el ment&#243;n. Las venas se le hinchaban bajo la piel como ramas oscuras, y una masa color negro empezaba a devorarle los globos oculares desde los bordes.</span></p><p><span>Arthure se arrodill&#243; a su lado. Le sujet&#243; el rostro con brusquedad, pero con firmeza.</span></p><p><span>&#8212;&#161;Eh! &#161;M&#237;rame! &#8212;le dio unas palmadas secas en la mejilla&#8212;. &#191;De qu&#233; patrulla eres? &#191;Qui&#233;n te trajo desde Wildland? &#161;Responde!</span></p><p><span>El obrero solo produc&#237;a un sonido ahogado. La corrupci&#243;n avanzaba a pasos agigantados, devor&#225;ndole el sistema nervioso. Abri&#243; la boca una &#250;ltima vez, intentando repetir la misma frase sin lograr que le saliera sonido alguno.</span></p><p><span>Lirael se arrastr&#243; por el suelo y volvi&#243; a abrir su bolsa.</span></p><p><span>&#8212;Puedo... puedo intentar un Hechizo de Limpieza, si canalizo m&#225;s magia...</span></p><p><span>Arthure extendi&#243; un brazo y le cerr&#243; el paso. Su mano en el hombro de Lirael pesaba como el hierro.</span></p><p><span>&#8212;Tu magia no puede hacer nada por &#233;l, aprendiz &#8212;dijo. No hab&#237;a rabia en su voz. Solo una tristeza profunda y serena.</span></p><p><span>&#8212;Pero...</span></p><p><span>&#8212;M&#237;ralo a los ojos &#8212;lo interrumpi&#243; con suavidad.</span></p><p><span>Lirael mir&#243;. La oscuridad absoluta hab&#237;a consumido ya la c&#243;rnea del obrero, y los vasos morados de su cuello lat&#237;an con un ritmo propio, ajeno al coraz&#243;n. La Magia Primal no parec&#237;a querer matarlo, sino absorberlo.</span></p><p><span>Arthure no dud&#243; m&#225;s. Desenfund&#243; una daga de su cintur&#243;n con un movimiento r&#225;pido y met&#243;dico, mir&#243; al hombre a los ojos durante un instante, murmur&#243; una breve oraci&#243;n en silencio, y le hundi&#243; la hoja entre las costillas, directo al coraz&#243;n.</span></p><p><span>El cuerpo del obrero se tens&#243; en un &#250;ltimo espasmo y luego se relaj&#243; por completo. La oscuridad de sus ojos se fue desvaneciendo despacio, hasta dejar solo un cad&#225;ver inerte.</span></p><p><span>El silencio volvi&#243; al barrac&#243;n, pesado, roto apenas por el goteo de la humedad afuera.</span></p><p><span>Arthure se puso en pie y limpi&#243; la daga en el pa&#241;o del camastro antes de guardarla. Mir&#243; a la anciana, que sollozaba en un rinc&#243;n, y luego a Lirael, sentado en el suelo, mir&#225;ndose las manos quemadas.</span></p><p><span>&#8212;&#191;Eres de la Academia de Central City? &#8212;pregunt&#243;, examinando los bordes de la t&#250;nica del muchacho.</span></p><p><span>Lirael asinti&#243;, incapaz de hablar.</span></p><p><span>&#8212;L&#225;vate las manos y recoge tus cosas &#8212;dijo el oficial, cruzando los brazos&#8212;. Si la Inquisici&#243;n o los Teurgos de la corte se enteran de que un aprendiz trat&#243; de curar una infecci&#243;n de la Zona Salvaje en Brumeland, no terminar&#225;s la semana en la ciudad. Y si ven este cad&#225;ver, quemar&#225;n el barrio entero por precauci&#243;n.</span></p><p><span>Se acerc&#243; a la puerta destrozada y mir&#243; hacia la calle cubierta de niebla.</span></p><p><span>&#8212;Voy a reportar que un sabueso solitario baj&#243; de la llanura y atac&#243; a un ciudadano. Nada m&#225;s. T&#250; no estuviste aqu&#237;. &#191;Entendido?</span></p><p><span>&#8212;Entendido &#8212;consigui&#243; decir Lirael, con la voz quebrada.</span></p><p><span>Arthure se gir&#243; antes de salir. Sus ojos se detuvieron un instante en las cicatrices, a&#250;n rojas, de los brazos del joven mago.</span></p><p><span>&#8212;No vuelvas a bajar aqu&#237; de noche, muchacho. Lo que hay en los confines de Wildland no es una enfermedad que se cure con plegarias ni con runas de estudio. Algo se est&#225; rompiendo all&#225; afuera.</span></p><p><span>Se emboz&#243; en la capa y desapareci&#243; entr la niebla de Brumeland.</span></p><p><span>Una hora despu&#233;s, Lirael sub&#237;a de regreso a Central City.</span></p><p><span>El sol a&#250;n no sal&#237;a, pero el cielo empezaba a te&#241;irse de un gris p&#225;lido sobre las agujas pulidas de Altland. El aire volv&#237;a a oler a cera y a mirra, pero Lirael no lograba sacarse de los pulmones el hedor a ozono rancio y sangre corrupta.</span></p><p><span>Se escurri&#243; por la puerta trasera de la casona de su padre y lleg&#243; a su habitaci&#243;n sin hacer ruido. Se dej&#243; caer de espaldas contra la puerta de madera, mir&#225;ndose los antebrazos. Las cicatrices le escoc&#237;an con un dolor sordo y latente, recordatorio f&#237;sico de su impotencia y su a&#250;n corto camino en la magia.</span></p><p><span>Se lav&#243; en el lavamanos de porcelana y vio c&#243;mo el agua se te&#241;&#237;a de un rosa p&#225;lido con los restos de sangre del obrero.</span></p><p><span>A lo lejos, tras la ventana de su habitaci&#243;n, la silueta oscura y colosal del Myth Forest se recortaba contra el horizonte, envuelta en su niebla eterna. Y mientras el campanario del templo de Shuroa empezaba a repicar para las oraciones matutinas, las palabras del muerto resonaban en su cabeza con la fuerza de una condena:</span></p><p><em><span>Solo lo que ha muerto dos veces, puede entender al abismo.</span></em></p>]]></content:encoded></item></channel></rss>